Poner a prueba la resistencia y la estabilidad térmica de los lubricantes en escenarios de mayor exigencia son uno de los principales retos que los pilotos de competencias como TC2000 imponen en cada carrera, llevando a los motores a temperaturas superiores a 120 °C y operan entre 7.000 y 10.000 RPM.
Aunque parezca un mundo aparte, lo que ocurre en una pista de automovilismo termina influyendo directamente en los aceites que se usan todos los días en carros particulares. En competencias como el TC2000, la cual finaliza este 23 de noviembre en Colombia, los motores alcanzan temperaturas de más de 120 °C, operan entre 7.000 y 10.000 RPM y permanecen bajo cargas extremas durante largos periodos. Ese nivel de exigencia convierte la pista en un laboratorio real para validar la resistencia y el comportamiento de los lubricantes.
Según Jesús Cano, Técnico Regional de Castrol, “en estos escenarios se puede ver cómo se comporta el lubricante cuando está al límite. Monitoreamos temperatura, presión, viscosidad y cualquier señal de desgaste. Esa información nos permite ajustar formulaciones y tecnologías que luego terminan en los productos de uso cotidiano brindando a los ciudadanos lubricantes de la más alta calidad”.
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Además del TC2000, otras competencias de alto rendimiento también funcionan como escenarios clave para poner a prueba la resistencia del lubricante. En eventos como el MotoGP, donde las motocicletas operan a más de 17.000 RPM, o en las 6 Horas de Bogotá, una de las pruebas de resistencia más exigentes del país, los aceites deben soportar temperaturas extremas, fricción constante y cargas prolongadas sin perder estabilidad. En varias de estas categorías Castrol tiene presencia con sus lubricantes, lo que permite observar de primera mano cómo se comportan las formulaciones en contextos reales de máxima exigencia, información que luego se incorpora al desarrollo de productos para el uso cotidiano.
De la competencia a la calle: así se desarrollan los aceites que usamos todos los días
Gracias a ese proceso, avances como mayor resistencia a la temperatura, mejor protección contra el desgaste y menos formación de depósitos dentro del motor, se incorporan a los lubricantes comerciales, haciéndolos más estables y confiables para enfrentar situaciones comunes como tráfico pesado, trayectos prolongados o arranques en frío.
El piloto como sensor del rendimiento
Para los pilotos, el lubricante no es un nombre en una etiqueta: es un componente que se siente en cada vuelta. El bogotano Lucas Medina, uno de los pilotos colombianos con mayor proyección internacional y reciente representante del país en prototipos europeos, conoce bien el papel del aceite cuando el motor está al límite.
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Durante las carreras de resistencia los motores trabajan en rangos térmicos superiores a los 100 grados por periodos prolongados. En ese entorno, la lubricación es determinante para mantener la potencia sin comprometer la integridad mecánica.
“Cuando el motor está trabajando al límite, la viscosidad del aceite se vuelve determinante. Si el lubricante mantiene la viscosidad correcta, las piezas no se rozan, no se recalientan y el motor se mantiene estable incluso en las condiciones más exigentes. Eso es algo que uno siente de inmediato en pista”, explica Lucas Medina.
El piloto destaca que esa consistencia también se traduce en confianza, un factor clave cuando las decisiones deben tomarse en milésimas de segundo.
Una apuesta de desarrollo desde Colombia
Castrol, aliado técnico de diferentes equipos de automovilismo, utiliza estas competencias para observar en tiempo real cómo responde un aceite en condiciones que ningún vehículo urbano enfrenta, pero de las que derivan mejoras importantes para el consumidor final.
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Estefanía Mora, Gerente de Marketing de Castrol Colombia, asegura que “probar nuestras formulaciones en escenarios de alta exigencia nos permite llevar al consumidor lubricantes confiables y preparados para los retos de la conducción diaria. Es parte de nuestro compromiso con la innovación y con el desarrollo técnico del país”.
Para Castrol, esta metodología no solo impulsa avances tecnológicos, sino que fortalece su operación en el país.





