El sistema de refrigeración es uno de los más importantes en cualquier vehículo, pues de él depende la durabilidad del motor y su eficiencia. Sin un control adecuado de la temperatura, los componentes internos como pistones, válvulas o empaques pueden deteriorarse rápidamente, generando reparaciones costosas. Por eso, conocer cómo funciona, sus componentes y las tecnologías actuales es clave para usuarios, mecánicos y empresas del sector.
¿Qué es el sistema de refrigeración y para qué sirve?
El sistema de refrigeración es el encargado de retirar el exceso de calor del motor, manteniéndolo en óptimas condiciones de trabajo, ya sea por líquido o por aire. El motor debe encontrarse en un rango de temperatura ideal (generalmente entre 90 °C y 105 °C, dependiendo del tipo de motor y fabricante).
Cuando un motor se calienta demasiado, los aceites pierden propiedades lubricantes y las piezas pueden deformarse; en cambio, si trabaja demasiado frío, el rendimiento disminuye y aumenta el consumo de combustible. En resumen, su función es lograr un equilibrio en la temperatura, asegurando que el motor trabaje con el máximo desempeño y el mínimo desgaste.
Componentes principales del sistema de refrigeración
- Radiador: tubería colocada de manera vertical con láminas metálicas (aletas) que forman un panal para disipar el calor.
- Bomba de agua: hace circular el líquido refrigerante a través del motor, radiador y demás componentes, regulando la temperatura.
- Termostato: abre o cierra el paso del refrigerante según la temperatura, evitando que el motor arranque frío y ayudando a alcanzar rápido el punto ideal.
- Ventilador: atrae aire del exterior para que circule por el radiador, reforzando la refrigeración.
- Refrigerante: mezcla de agua destilada y aditivos anticorrosivos y anticongelantes, vital para mantener la temperatura y proteger el sistema.
- Sensores de temperatura: conectados a la ECU, detectan anomalías y pueden activar ventiladores o alertar al conductor en el tablero.
Características de la refrigeración por aire o por líquido
Refrigeración por aire
- El motor ocupa menos espacio, ideal en vehículos pequeños.
- Más fácil de instalar, liviana y económica.
- Genera más ruido por las aletas de refrigeración.
Refrigeración por líquido
- Más rápida y eficiente que la de aire.
- Requiere mayor espacio y su mantenimiento es más costoso.
- El motor tiene mejor desempeño y hace menos ruido.
Tipos de radiadores actuales
- Aluminio con tanque plástico: livianos, económicos y eficientes; los más usados en autos de calle.
- Aluminio soldados: más resistentes, recomendados para autos deportivos o de alto rendimiento.
- Cobre-latón: pesados, pero con excelente conductividad térmica; empleados en camiones, buses y maquinaria pesada.
- Modulares: permiten reemplazar solo secciones específicas, reduciendo costos de mantenimiento.
Tecnología de refrigeración moderna
Los motores actuales son más potentes, compactos y trabajan a temperaturas más altas que antes. Por eso, se han desarrollado nuevas tecnologías que aseguran eficiencia, seguridad y durabilidad:
- Sistemas presurizados: aumentan el punto de ebullición del refrigerante (hasta 120 °C o más) y evitan que hierva.
- Bombas de agua eléctricas: funcionan bajo demanda, reduciendo el consumo de energía del motor.
- Refrigeración electrónica: algunos modelos incorporan válvulas electrónicas que optimizan el flujo según la carga del motor.
- Gestión térmica en eléctricos e híbridos: además del motor, se enfrían baterías y módulos electrónicos.
- Circuitos de doble refrigeración: separan el sistema del motor y el de la batería/transmisión para mejorar la eficiencia.
Mantenimiento y cuidados básicos
Para garantizar el buen funcionamiento del sistema de refrigeración es fundamental realizar un mantenimiento preventivo adecuado. Lo primero es utilizar siempre un refrigerante de buena calidad y no solo agua, ya que esta puede generar corrosión y acumulación de sarro en el radiador y las mangueras.
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Asimismo, se recomienda revisar periódicamente el estado del radiador y las conexiones, al menos cada 20.000 kilómetros o siguiendo las indicaciones del fabricante. El cambio del refrigerante debe hacerse cada 40.000 a 60.000 kilómetros, o cada dos años, para mantener sus propiedades activas.
También es importante mantener limpia la rejilla frontal del vehículo para no obstruir el paso de aire hacia el radiador y verificar el estado de la tapa del radiador y del depósito, ya que son piezas clave para mantener la presión del sistema.
Finalmente, se debe estar atento a señales de alerta como fugas, presencia de vapor, aumento repentino de la temperatura o el ventilador funcionando de manera continua, pues son indicios de posibles fallas que requieren revisión inmediata.
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En conclusión, el sistema de refrigeración es esencial para mantener la vida útil del motor y garantizar el buen rendimiento del vehículo. Un radiador en buen estado, acompañado de un mantenimiento adecuado y el uso de un refrigerante de calidad, previene daños costosos y asegura una conducción eficiente y segura.
En la actualidad, con el avance de los vehículos eléctricos e híbridos, estos sistemas se han vuelto más sofisticados y precisos, donde la gestión térmica es clave. Por eso, mantener revisiones periódicas y atender cualquier señal de alerta es la mejor manera de prolongar la durabilidad del vehículo y asegurar un desempeño confiable.





